Platos del huerto cargados de sabor

 

¿Os imagináis un huerto a 30 metros de altura en pleno barrio de Salamanca? Se trata de la nueva apuesta del Hotel Wellington, uno de los proyectos más sorprendentes de la capital.




En tan sólo unos segundos, nos plantamos en Tudela, la meca de las verduras. Colgados del cielo de Madrid nos encontramos 300 metros cuadrados con más de 30 variedades de verduras y frutas. Tomates, borrajas, guisantes lágrima, fresas...  todo ello ecológico y a imagen y semejanza de su homólogo navarro. 



El artífice de todo este "tinglao" es Floren Domezaín o como se le conoce en Tudela "el rey de las verduras". Maestro de cocineros de la talla de Adriá  o Arzak y fiel a su principio "tierra, sol y agua" ha logrado en apenas tres meses convertir la azotea del mítico Wellington en un oasis de verduras.



"De la mata al puchero" y nada más lejos de la realidad. En tres minutos empezamos a probar sus creaciones. 

Pero antes, hacemos un alto en el camino para detallaros un poco más el restaurante. Se trata de un espacio cargado de luminosidad, donde los tonos blancos y la madera cobran una gran importancia. 



Nos encantaron las mesas y la cubertería, elegantes y muy originales. Transmitían a la perfección la esencia del proyecto.



La carta también tiene un diseño muy original, donde como es de esperar las verduras son las estrellas, aunque también hay espacio para la carne y el pescado.



Para ir abriendo boca empezamos con unas habas y unos rabanitos en crudo, aderezados únicamente con sal de tinta de calamar y flor de sal. Sabor y color a partes iguales, sin duda un buen comienzo.



Borraja marinada al aceite de trufa con patata avainillada, tinta de calamar y tagliatelli de pulpo a la brasa. Un plato muy equilibrado, donde la suavidad de la borraja hizo las delicias de nuestro paladar. Nos gustó el toque de vainilla, una nota de originalidad. 



Con un huerto como telón de fondo era imposible no rendirse ante un gazpacho, y así fue. Muy bueno, fresquito y cremoso ¡nos supo de maravilla!




Espárragos frescos blancos con  huevo de corral y detalle de almendra, ¿suena bien verdad? Nunca habíamos probado la mezcla y nos encantó. Cuando dos productos de esa calidad se funden en un plato el resultado sólo puede ser bueno. Por cierto, la yema era de otra galaxia... 





Cebolleta fresca estofada al Verdejo de Rueda. Muy suave, no hacía falta el cuchillo y sin perder un ápice de sabor. Dejaba un punto picante al final muy agradable, fue uno de los platos estrella de la noche. Nos sorprendió que un producto aparentemente "sencillo" pueda convertirse en algo tan sofisticado y rico.



Pulpo a la brasa con patatas panaderas. Quizas por ser el único plato que no tenía a las verduras como protagonistas nos pareció el más flojo. Estaba bueno, aunque el pulpo un poco blando. Las patatas, como no podía ser de otra forma, muy buenas.



Como punto y final probamos un sorbete de tomillo con helado de limón. El cierre perfecto, ligero y con mucho sabor. 




Un restaurante muy interesante, no sólo por su huerto si no por la apuesta tan fuerte y comprometida que Floren propone con las verduras. Donde el respeto al producto cobra sentido en cada plato, llenándolo de sabor y textura.  

Sin duda una visita muy agradable, sana y fresquita que en estos días que vienen se agradece.






Las raíces del Wellington

Calle Velázquez, 8 Madrid

Precio medio por persona: 50 euros.

Aquí os dejamos su web






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